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Espido Freire

ESPIDO FREIRE: “La mayoría no nos enamoramos de personas, sino de ideales”

Espido Freire acaba de publicar un nuevo libro, Diccionario de amores y pesares: de la A a la Z (Mueve Tu Lengua, 2021), y habló con FlipAr. La prolífica autora vasca profundizó en sus obras más recientes, en su concepción del amor y en su estrecha relación con el público de Argentina.

Texto: Camila Ramos

Multifacética, prolífica y de pluma honesta. Estas son las características que destacan a Espido Freire. Actualmente, las obras de la escritora española ya dan la vuelta al mundo, y Argentina se encuentra entre los países fanáticos de su pluma. Este motivo impulsó a la oriunda de Bilbao a viajar en varias oportunidades al país sudamericano y a conocer en persona a su público austral.

El arte ha estado presente en tu vida desde muy pequeña, primero a través de la música y luego mediante la palabra. ¿Qué representa la palabra literaria para vos? ¿Cuándo supiste que deseabas ser escritora?

—Significa muchas cosas, y a niveles muy diferentes: es mi herramienta de trabajo y también una de mis fuentes de placer. Mi manera de abstraerme de la realidad y de recrearla, mi estímulo para mejorar y mi terreno de juego. Creo que fue en torno a la adolescencia, entre los catorce y los dieciséis años, cuando de manera recurrente comencé a pensar que lo que más feliz me haría sería ser escritora.

Tus textos han sido reconocidos con diversos premios desde joven, y has obtenido el Premio Planeta con tan solo 25 años. ¿Sentís que tu forma de escribir desde esa época hasta hoy ha cambiado? ¿Aquello que te impulsaba a escribir se ha transformado?

—Sí, claro, ha cambiado: mis temas y mis obsesiones se han decantado, ampliado o he profundizado en ello. He aprendido mucho más sobre el arte de contar. He leído miles de libros más. Soy una mujer, antes era apenas una niña. No ha cambiado, en cambio, el impulso inicial. Pero ahora, además de mi afición, es mi trabajo. Hay unos lectores que son mis interlocutores detrás. Hay una seriedad y una calma mayor.

Ahora, además de mi afición, la escritura es mi trabajo. Hay unos lectores que son mis interlocutores detrás, una seriedad y una calma mayor.

Has sido siempre una escritora muy prolífica. ¿Cómo te inspirás para encontrar una idea a partir de la cual crear? No es fácil enfrentarse a la hoja en blanco…

—Bueno, en realidad raras veces me enfrento a la página en blanco. Cuando comienzo a escribir lo hago sobre una idea ya cerrada y concebida, a la que he dado muchas vueltas. Y más que una inspiración busco un estímulo: es más concreto y mucho más sencillo de encontrar.

Este año también has publicado Tras los pasos de Jane Austen (Ariel, 2021). ¿Se puede encontrar la influencia de la novelista británica en tus obras? ¿Qué otras u otros escritoras y escritores te han marcado?

—No tanto en mis obras como en mi filosofía como escritora. He aprendido tanto de ella… De sus diálogos, de su forma de enfocar el personaje y la mirada crítica… Por otro lado, Shakespeare, las hermanas Brontë, Teresa de Jesús, la Woolf han sido influencias directas.

En Diccionario de amores y pesares, desde un inicio asombra su estructura. ¿Se puede clasificar como novela? Quizás se podría crear la categoría de “diccionario literario” o de “diccionario ficcional”…

—No, no, desde luego no es una novela; un conjunto de cuentos, en todo caso. Me gusta la idea de “diccionario literario” o de “catálogo de amores”. Por otro lado, estoy de acuerdo con vosotros en que la estructura es parte del encanto del libro. Ojalá los lectores piensen lo mismo.

Es interesante cómo el fluir de la conciencia de cada voz narradora hace avanzar la acción pero, al mismo tiempo, se van conociendo los sentimientos más profundos de los personajes. ¿Pensás que el amor siempre implica sufrimientos al avanzar la relación? ¿O solo se sufre con aquellas parejas que no están destinadas a ser?

—Creo que empeñarse en amar a quien no nos ama o resucitar una pasión ya acabada solo trae dolor. En ese sentido, no creo en la idea convencional de pareja, ni en “aguantar” por los hijos, la sociedad, las deudas o las apariencias. Creo que la mayoría de nosotros no nos enamoramos de personas, sino de ideales. Tramamos relaciones por miedo a la soledad, confundimos deseo con estabilidad o nos sentimos halagados porque alguien nos desee o nos quiera y entablamos una relación cómoda. Amar implica una enorme sinceridad con una misma y con el otro. Todo lo otro me despierta sospechas.

No creo en la idea convencional de pareja, ni en “aguantar” por los hijos, la sociedad, las deudas o las apariencias.

Algunos de los textos poseen encabezados como si representaran cartas y otros, aunque no los tienen, podrían interpretarse como si lo fueran. ¿Pensás que a veces deberíamos escribir cartas más honestas, como las de tus personajes, cuando hablamos de amor?

—Sin ninguna duda. Vuelvo a la sinceridad: no a una sinceridad suicida, despiadada, sino a pedir lo que se necesita y ofrecerlo, a tener menos rituales y más vivencias.

Pasando ahora a tu faceta docente –Freire es la directora del Master en Creación Literaria de la Universidad Internacional de Valencia-, ¿cualquiera puede ser escritor si le pone empeño y dedicación a la tarea? ¿Qué le aconsejarías a las personas que desean serlo?

—No sé si cualquiera. Pero sin ese empeño, sin la dedicación y sin el amor sincero a las historias no lograríamos nada. Comparada con otras disciplinas artísticas, la literatura es la más agradecida a la formación y la más cercana a la voz y a la mirada humana no profesional.

La literatura es la disciplina artística más agradecida a la formación y la más cercana a la voz y a la mirada humana no profesional.

Tus libros han sido traducidos a distintas lenguas y han llegado a diversos puntos del mundo. ¿Cómo es tu relación con los lectores de Argentina?

—Visité Argentina en la primavera del 2000, en la promoción de mi Melocotones helados (Planeta, 1999). Me sorprendió la seriedad con la que la prensa de aquellos años se enfrentaba a las obras, y la calidez de los lectores, muchos de ellos con un muy alto criterio literario. Tengo la suerte de saber de algunos de ellos a través de las redes sociales. La última vez que estuve en Argentina fue en Buenos Aires, en noviembre de 2019, y mi buena impresión no ha cambiado.